martes, 5 de enero de 2010

Muerte al Rey Baltasar

La crisis, la economía y el desempleo amenazan el Año Nuevo. La crisis, la economía y el desempleo pretenden abrir grietas en el mármol de nuestra historia. La crisis moral, la economía de esfuerzo y el desempleo intelectual: los Tres Reyes Vagos del Mundo Libre.

La demolición de las universidades y los museos cede terreno a los espacios comerciales, dominio del ciudadano antidecente, perezoso y sonámbulo, cuyo interés por el arte se concentra en los escaparates. ¡Adorables adornos navideños! ¿Acaso mi vanidad me permite despreciarlos? ¿Quién soy yo —una superficial cazadora de tendencias— para tirar la primera piedra? ¿Quién soy para erigirme como modelo, en la víspera de las rebajas? El viejo proverbio chino me ofrece una respuesta matemática: cuando acuses con el índice, observa que otros tres dedos apuntan hacia ti. ¿Ha hecho usted la prueba, Tanako querida? Imposible después de lo que hemos pasado juntas, ¿no es así?

Los Tres Reyes Vagos sientan en sus rodillas a los pequeños que hacen cola para entregarles la carta. Yo estoy a punto de convertir el trono de Baltasar en una silla eléctrica. Cierro el seccionador de alta tensión antes de que suba la siguiente niña, que observa cómo se riza la barba sintética del rey, mientras la pintura de su cara se derrite en lágrimas de cera negra. Los niños tienen derecho a la verdad.

—¿Por qué has dejado a dos con vida?

—No creo que esos dos actores olviden lo que han visto esta tarde, inspectora.

—¡Tú misma lo has dicho! ¡Era un actor, un tipo con la cara pintada de betún, contratado para ilusionar a los niños! ¿Y al camello, qué le has hecho?

—El camello está bien. Nada de animales, niños o políticos.

—Penny McKornic y Aldo Swarandnuggets ya están en la lista. ¿Cómo quieres que me fíe de tus normas?

—Respeto la Etiqueta al pie de la letra. ¿Quiere saber cuál ha sido la marca del muerto?

—Me lo vas a decir se todas formas.

—El fraude. Las escrituras no dicen que fueran tres, tampoco dicen que fueran reyes.

—¿Por qué Baltasar? Precisamente durante el mandato de Obama. ¡Por qué has tenido que escalfar al negro!

—¿Mencionan las escrituras la raza de Baltasar?

—¡No puedes, no puedes tomarte la Biblia al pie de la letra!

—¿Está bien mentir a los niños?

—Mejor matar la ilusión, claro. ¿Qué les vamos a decir ahora?

—Una niña de mi cole me dijo que los reyes eran los padres. Teníamos siete años.

—¿Y la mataste por eso?

—No me lo creí, porque los reyes eran tres y los padres sólo dos. Esta tarde hemos igualado la ecuación.

—La niña, la niña que iba a sentarse en las rodillas de Baltasar... ¿Has visto sus ojos? ¡Lo ha visto sacudirse como una sardina!

—Ha visto lo que había bajo la peluca y el maquillaje. Le hemos mostrado la verdad.

—¿Qué verdad?

—Que este año de crisis hay un rey menos. Que recibirá sus regalos, dos terceras partes.

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sábado, 5 de diciembre de 2009

Muerte a la Generación Nocilla

Sala de Prensa de La Casa Incendiada de Madrid. Se sirve un vino español al cierre de la presentación del Manifiesto Generacional Nocilla, cuyas proclamas se exhiben serigrafiadas sobre el culo de un Cervantes de vinilo con liguero, medias y zapato alto. Pura provocación.

Proclama #1 del Manifiesto: “Di que eres mutante, punk o afterpop”. Proclama #2 del Manifiesto: “La jerga técnica es guay. El lector fractal requiere iluminación estroboscópica, es decir, no necesita entender nada”. Proclama #3 del Manifiesto: “Zapping, rewind, fast forward”. Proclama #4 del Manifiesto: “Si el público traga, el editor aplaude. Escribe como te salga del nabo”.

La promoción editorial abunda en anunciarnos que la generación “aglutina a los autores que están reinventando el formato de la novela española”. Un vistazo alrededor me permite confirmar que el reinventor estándar es un varón de treinta y tantos con un MacBook y unas Chuck Taylor. Mientras las voces más interesantes de la literatura actual son femeninas, la proclama “Escribe como te salga del nabo” parece dejar al margen a nuestro sexo débil.

—¿Habeis visto al bombero? ¡Qué caña de disfraz!

Se dirige a mi uno de los afamados, el que acuñó con el culo el término Poesía Afterpoética al recibir el Premio PiXeLiZa de Narrativa con Influencia Audiovisual. Su novela deconstruída se ha vendido bien. “Lo más fresco del año, un ejercicio intergenérico de cronotopía anti-establishment”, según la revista Merde. Yo vengo del futuro con un traje incombustible para acuñarle en la frente otra etiqueta:

—¿Habéis oído hablar del Impresionismo Trasindustrial? —digo por la boca del bombero.

Mientras me rodea un grupo de curiosos, defino el movimiento como “una generación de chicos listos deslumbrados por la tele, que consiguen impresionar a su audiencia con jerga tecnológica que acaban de leer en la Weeweepedia”, o como diría Eduard Punset, “una versión barata del humanismo materialista fundamentada en la cultura popular y la divulgación científica”.

—¿Quién es Punset? —pregunta un invitado sorbiendo su copa de vino español— ¿Qué es la Weeweepedia?

—Era una web hiperútil. Hasta que dinamitó los servidores esa asesina tan letal, la freaky bloggera, Chelo nosequé, ¿cómo se llama?

—¡Chelo Insania!

—Y esa Insania, ¿de qué generación es? ¿Será una impresionista trasindustrial?

—Chelo es una degenerada —informa el bombero—. Hay que darle de comer aparte.

Lo más punk que han hecho estos chicos fue tatuarse el logo de DIESEL durante una acampada en el FIB, lo más antisistema descargarse la discografía de Rage Against The Machine. Mi escenario es la pasarela y conozco el mecanismo. Los messengers de la modernidad ya están pasados de moda, pues corresponde a la historia encontrar intersecciones desde una perspectiva de décadas.

—Ahora que estamos en alza es hora de desmarcarse.

Cuando una generación viva decide definirse a sí misma en los confines de su tiempo, ofrece un producto lácteo caducado. Leche, cacao, avellanas y azúcar.

—La Generación Nocilla no existe —dice otro inspirado—, yo diría que somos una red.

Para vender hay que envasar, claro. Pero esta literatura de Facebook apesta a manual de autoayuda follado con documental. Por eso he traído mi uniforme de Montag, con la salamandra en el brazo y el casco con el número 451.

—¡Déjate de rollos, bombero! ¿Que te parece el manifiesto?

—Con sinceridad, una audacia incontestable.

—¡Y aún no has visto nada! Cuando DJ Toño pinche Nine Inch Nails soltaremos las palomas pintadas de negro.

Una ola de desmayos, copa en mano, recorre el público asistente al paso de las palomas. El somnífero diluido en el vino español deja en pie la crema de la generación.

—¿Qué hace la gente en el suelo? ¿Alguien sabe de qué va la performance del bombero?

¿Alguien sabe la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde? Mis pupilas se encienden cuando empuño el lanzallamas y...

—¡No nos engañas, eres Chelo Insania! ¡Qué disfraz más fronterizo! ¡Y el lanzallamas parece de verdad! ¡Nos flipa lo que haces, siempre tan freak! ¿Cómo sabias que ninguno probaríamos el vino?

—Los nocilleros sois tan predecibles... ¿Alguna pregunta seria antes de pasar a la posteridad?

—¿Es verdad que acuñaste el término Impresionismo Trasindustrial, Chelo?

—Estáis a la última. Lo he acuñado hace apenas cinco minutos.

—¿Es la primera vez que asesinas una generación? ¿No crees que el genocidio disparará las ventas?

—¡Que me aspen! Vuestro pragmatismo me tiene impresionada.

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jueves, 22 de octubre de 2009

Muerte a Co Starring

La mayoría de las democracias son rebaños de corderos. Pero la historia del pueblo francés no es la de otra turbamulta de sonámbulos que se deja conducir con los ojos cerrados. En 1889, centenario de la Revolución Francesa, de nuevo en contra de la opinión popular, se inaugura en París la Gran Obra de Mal Gusto: extravagantes toneladas de hierro y remaches para 312 metros de torre. Apenas consiguió apaciguar el estupor de los parisinos la promesa de las autoridades de demolerla tras la clausura de la Exposición Universal para la que se había diseñado. Los parisinos de hoy —y el resto del Mundo Libre— no imaginan un París sin ella.

La propuesta es seductora, aunque deba estudiarla con extrema cautela. Siempre puede tratarse de otra emboscada de Tanako Sasanga, o de un anzuelo de Rolanda Matacanes. Esta es la carta recibida en el Libro de Visitas del blog:

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Señora Insania,

La gente guapa consume mucha ropa. Las personas para las que trabajamos tienen serios intereses en que esta tendencia continúe. También valoran el talento director de una auténtica trendhunter, lo que sumado al alcance mediático de sus acciones criminales la convierte a sus ojos en The Next Big Thing. Tiene usted mucho que ganar a nuestro lado. Estamos deseosos de entrevistarla, en las condiciones que establezca.

Atentamente, Starring & Starring Abogados.

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Cito a los señores Starring en la Dama de Metal de la capital de la moda, lo que les parece “una soberbia idea”. En el mirador del tercer nivel de la torre existe una escalera que accede a una plataforma exterior, donde el viento me tira del pelo para recordarme el vértigo de pisar a trescientos metros de altura, separada del vacío por una baranda.

Al otro extremo del estrecho pasillo aparecen los tres tipos. Manicura, peluquería, limpieza de poros, abrigos cruzados de Christian Dios... Esas son para mi sus tarjetas de visita aunque me ofrezcan sus tarjetas de visita: Also Starring, Guest Starring y Constantine Starring, abogados de la firma Starring & Starring.

Aseguran que no son hermanos aunque compartan apellido. “Sus clientes” —una misteriosa asociación masónica que maneja los hilos de la moda— están preocupados por la velocidad que imprimen al Mundo Libre las nuevas tecnologías. El remplazo de tendencias es negocio, aseguran, siempre que se sostenga durante temporadas. Sin embargo hoy todo cambia demasiado rápido, incluso para los reflejos de la moda. Las estaciones parecen insuficientes, y algunos diseñadores lanzan colecciones nuevas a mitad de temporada. Si esta tendencia continúa, la demanda del público pronto escapará del control de “sus clientes”. Y la moda corre peligro de volver a ser propiedad de la gente de la calle.

Los señores Starring se quitan la palabra unos a otros:

—¿Se hace cargo de la gravedad de este litigio, Señora Insania? Representamos a poderosas corporaciones... Interesadas en la sostenibilidad de un negocio que mueve... Y la gestión del cambio ha demostrado su insuficiencia para... Nuestros clientes entienden que la solución al problema consiste en... Considere la posibilidad de aislar tendencias adecuadamente fuertes... Tendencias capaces de arrastrar a minorías selectas... Sí, capaces de perdurar en el tiempo... No ha habido muchas desde los años 90, ¿verdad señores? Cada vez tienen menor calado, diría yo, y... Cada vez son más volátiles... Internet tiene buena culpa de eso... Hablamos de tendencias que puedan recuperarse después de diez o veinte años... Son las que interesan a nuestros clientes, diría yo... Pero usted domina este lenguaje, claro... Usted es consciente de las trends y el revival, ¿verdad Señora Insania?

Como respuesta desenvaino mis dos dagas. The Next Big Thing. Dibujo un gesto de lanzador de cuchillos, y el más flaco de los Starring se encuentra con una de ellas hundida en el pecho hasta la empuñadura. El tipo rueda hacia atrás sobre la baranda, atraviesa el vacío como un meteoro y se estrella sin hacer ruido contra los Campos de Marte.

—¡¡¡Constantine!!!

Antes de que los otros reaccionen, engancho un mosquetón en la baranda y la salto. Consigo descolgarme desde el mirador utilizando un cable de acero con freno de rappel, ante la “soberbia” incredulidad de Starring & Starring. Al llegar abajo, mi cuerpo se resiente del esfuerzo. La enfermedad ya no me permite las mismas audacias. Encuentro el cadáver aplastado en una postura inmoral, y recupero mi daga.

Revival. París era una fiesta. Una última mirada a la torre me recuerda la vez que estuve allá arriba con Troya, y las palabras que nos dijimos. Jamás subiré tan alto. Volveré a París pero nunca volveré a París. Que me aspen. No me permito señas de nostalgia desde que me corté los meñiques de los pies. Mis pasos buscan la orilla del Sena para confundirme con las parejas y los borrachos.

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viernes, 25 de septiembre de 2009

Muerte a Operación Renuncio

Tardo algún tiempo salir del armario, del armario lleno de peluches de Niquel Yafson. Su médico personal no se aparta del cadáver hasta que llegan las ambulancias, así que dispongo de algunas horas para pensar en Rolanda Matacanes, funcionaria de mañana, por la tarde sicaria. Quienquiera que haya organizado la cacería ha debido pagar mucho dinero.

De vuelta en casa enciendo la tele para verme en las noticias: La asesina del blog golpea de nuevo. Las cámaras asaltan al comisario Santisteban de Tajuña cuando abandona la sede de la INTERPOL en Lyon, en compañía de Tanako Sasanga.

—¿Alguna nueva pista sobre el caso...? ¿Confirman la implicación de Insania en la muerte de Raza Nogal...? ¿Saben para quién trabaja Rolanda Matacanes...? ¿Quién es Joy Pachinko...?

El comisario se detiene, ante el asombro de la agente especial Tanako, y alza los brazos para tranquilizar a los periodistas. Los micrófonos forman un anillo a su alrededor.

—Desde la Brigada de Amenazas, lamentamos admitir que el rastreo de la fashion scene no ha devuelto positivamente el resultado que esperábamos. Por ello hemos abierto una segunda línea de investigación, que podríamos llamar satírica. Pretendemos entender las raíces de la tradición iniciada por Quevedo, Luciano, Juvenal... Y más recientemente Jonathan Swift, George Orwell o Philip Roth. El Mundo Libre se pregunta: ¿Cuál era el objetivo de los ataques de estos autores? Suele admitirse que pretendían mostrar un retrato de la sociedad de su época, pero ¿para comprenderla o para destruirla? ¿Es posible ironizar sin tomar posiciones éticas? ¿Existe el “asesinato moral”? Eso es todo por el momento, muchas gracias.

¡Bravo, comisario! ¡Los chicos de la prensa anotan con fruición! Mañana habrá hermosos titulares. Y Tanako también parece satisfecha de esta hueca interpretación suya, una cortina de humo capaz de saciar el apetito de los medios sin comprometer la investigación. ¡Se está ganando volver al caso! ¿Acaso pretende abandonar el Departamento de Homicidios, busca que lo transfieran a la selecta Brigada de Amenazas?

Ahora cambio de canal y sintonizo Operación Renuncio, donde los chicos de la academia renuncian al sueño de ser artistas a cambio de cumplir el sueño de ser tratados como artistas: culminar la actuación, alzar el micrófono, recoger los aplausos...

Es hora de coger los cuernos por el toro. Dejo el mando del televisor sobre la mesa y tomo un mando a distancia más grueso. Hago girar la rueda del volumen y, gracias al prodigio de la tecnología, las torres de bafles de Operación Renuncio vomitan Violent Femmes a más de ciento cuarenta decibelios.

El público asistente a la gala se tapa los oídos, los concursantes caen de rodillas sobre el escenario, con los ojos llenos de lágrimas de verdad. Tecleo el número que aparece en pantalla y envío un SMS que dice, Adlante Xq no importa la meta.

El texto aparece publicado en pantalla durante tres famosos segundos. El umbral del dolor se sobrepasa con la tercera parte de la potencia que son capaces de desplegar los circuitos amplificadores que he agregado al sistema de sonido de Operación Renuncio. Adelante. Giro la rueda hasta el máximo y la música acopla los altavoces de mi televisor. Adelante. Tiemblan las pareces del estudio, estallan los cristales de los focos. Adelante. Quiebran las lentes de las cámaras, sangran las orejas de los concursantes...

Un minuto después están todos sordos, lo cual no detuvo al famoso Ludwig van Beethoven.

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lunes, 10 de agosto de 2009

Muerte a Niquel Yafson

El rey del pop yace dentro de la cámara hiperbárica que utiliza para diferir la única certeza, la que yo vengo a recordarle. Me basta remplazar el suministro de oxígeno puro por aire, y aumentar la presión interior hasta el máximo para que crezca la concentración de nitrógeno en su sangre. Sólo entonces le despierto. Al abrir la cámara bruscamente, la descompresión del nitrógeno le hace caminar hacia atrás de puntillas y le causa una embolia. Es una muerte dolorosa.

Después del baile yace a mis pies con la piel abultada por las burbujas. El síndrome del submarinista. Le quito su pijama verde de Peter Pan y preparo la brocha que traigo para pintarlo de negro. Que me aspen si...

Vuelvo la cabeza al sentir una pisada. Las experiencias engañan. Detrás de mi no veo más que un dormitorio en calma. La cama con dosel tiene forma de carroza convertida en calabaza; una de las lámparas es un cisne y la otra un patito feo; un destello en el espejo de la bruja de Blancanieves hace que me agache instintivamente y, ¡shhham!, un puñal se clava en un calendario de la Motown de 1968.

—Es la segunda vez que está usted cerca de matarme —digo. De la sombra emerge Rolanda Matacanes, la funcionaria sicaria:

—La burocracia no es mala, Señora Insania, sólo un poco lenta.

Le tiro la brocha y ella la esquiva con una voltereta, antes de desenvainar el estoque. Pero hoy no me encuentra desarmada: empuño mis dos dagas y preparo la defensa.

—¿Por qué estamos aquí, Insania? ¿Por el tema de los transplantes de piel y tal?

—Niquel Yafson era un niño negro que quería parecer un adulto blanco. Ha hecho mucho daño queriendo dejar de ser lo que era, queriendo parecer lo que no era.

—¡No me haga reír, doña trendhunter! Yo pensaba que la moda iba de eso. La prensa dice que Niquel Yafson creó más tendencia que la revista Vague. Que era “un despilfarrador con delirios de grandeza”. Y un pervertido. ¿No son mejores razones para matarlo?

—Un niño prodigio gana un millón de dólares, y descubre a los cuarenta años que le han robado la infancia. Por eso construye un parque de atracciones alrededor de su casa, para jugar con sus hijos y sus amigos los niños.

—¡Ja! ¡Ni los hermanos Yafson se creen ese cuento!

Rolanda Matacanes lanza dos furiosas estocadas que consigo esquivar. La tercera cercena la cabeza del patito feo, la cuarta muere a treinta centímetros de mi frente, en la cruz de acero de mis dos dagas. Empujo con fuerza y la hago retroceder.

—Yo creo en el día en que la estrella con el universo a sus pies, el genio adulto al que el mundo admira, se da cuenta de que el parque de atracciones donde vive no le hace feliz. No puede hacerle feliz porque ya no es un niño.

—¡Eso aclara el tema! Al tipo le faltaba un tornillo. El mismo que le falta a usted, Insania.

Rolanda vuelve a la carga dispuesta a coserme el corazón y me arrojo sobre la cama de agua. El estoque se queda clavado en la calabaza de madera y eso me proporciona unos segundos. El cuerpo a cuerpo nunca ha sido mi fuerte; pero mi desconcierto no se debe a esta desventaja, sino a la estrecha persecución de la dama del estoque. Ya no debo esconder mi rostro de la INTERPOL solamente: alguien ha puesto precio a mi vida, y esta mujer con capa de terciopelo está dispuesta a cobrarlo. Debo repasar la Lista de Muertos en busca del nombre que pueda llevarme hasta el que paga su sueldo. Una viuda, un familiar, un amigo agraviado... ¿No va a protegerme su ley, querida Tanako, de esta violenta venganza?

—No estoy loca, estoy enferma.

El estoque ya vuelve a la carga cuando alguien llama a la puerta del dormitorio. La voz de un hombre pide permiso para entrar. Rolanda estira el dedo índice y dibuja una horizontal bajo su garganta:

—Estás en mi lista, Insania.

Mi enemiga envaina el estoque y desaparece por el tobogán instalado en la ventana. Yo me oculto dentro de la reproducción del armario de E.T., entre una pila de peluches. La puerta se abre para el médico personal de Niquel Yafson, que busca el pulso a la tragedia y hace una llamada de emergencia.

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sábado, 25 de julio de 2009

Muerte a Raza Nogal

Felicito al comisario Santisteban por su discurso. Para muestra, un botón: el broche con dedo de plástico sustituye a las chapas decoradas. Renovación y beligerancia. ¡No se enfade con él, Tanako! Sin micrófonos y escuchas yo no podría contar esta historia. Escuche cómo continúa: Chelo Insania disfruta un té verde sin azúcar en el aeropuerto del Prat, cuando le aborda una desconocida...

—¿Puedo sentarme?

Levanto la cabeza del periódico. Junto a la silla libre hay una mujer con capa de terciopelo y largo pelo rubio apoyada en un bastón. Llama la atención el extraño gorro de paño con relieves heráldicos.

—Está ocupada —digo volviendo la página que estaba leyendo.

La mujer toma asiento como si no me hubiera oído. Hace un gesto al camarero y pide agua mineral con gas.

—Nada de alcohol mientras trabajo —explica. Suficiente para hacerme cerrar el periódico:

—Que me aspen si no está deseando contármelo. ¿En qué trabaja usted?

—De ocho a tres muevo papeles en un ministerio y tal. A nivel de leer circulares de los sindicatos, advertir a los interinos sobre la velocidad a la que se debe funcionar, etcétera.

—Son las diecinueve treinta. ¿A qué se dedica a estas horas?

—Por la tarde soy asesina a sueldo. Como usted, pero sin ética ni estética.

—¿Quién las necesita mientras cobra un sueldo? Dígame, ¿quién le ha contratado?

—Mi pagador aprecia el tema del anonimato y tal, usted ya sabe las ventajas de ese tema. A ese nivel tiene enemigos peligrosos, señora Insania.

Dado que ella conoce mis niveles y mis temas, me interesa saber su nombre. Y su nombre es Rolanda Matacanes.

—Supongo que me ha seguido desde Londres.

—Casi la pierdo en Heathrow al bajar del taxi y tal. Ha cambiado de disfraz un par de veces, pero soy la mejor en mi trabajo.

—¿En cual de ellos?

—En el de la tarde, por supuesto. Ser la mejor funcionaria no es la mejor idea.

Rolanda Matacanes señala con el bastón hacia la bolsa de deporte que tengo a mis pies, de donde asoma el mango de una raqueta.

—¿Eso es lo que creo que es?

—El brazo izquierdo de Raza Nogal. El resto lo he enterrado en la pista central de Winbeldom, para que haga crecer la hierba.

—No se puede ser bueno en todo, ¿verdad?

—Su atuendo fuera de pista, que me aspen, era suficiente para matarlo. Yo quería eliminar a su estilista pero, no se lo va a creer, ¡se compraba esos jerséis tan feos él mismo!

—Y a nivel de precio y tal, seguro que no eran baratos...

—No se puede ganar en todas las superficies.

El camarero sirve el agua mineral con gas. Las burbujas susurran hasta que volvemos a quedarnos a solas.

—Me divierte el tema, señora Insania, pero vengo a trabajar. Le estoy apuntando al estómago con una escopeta. Dentro de treinta segundos llamaré al camarero para que friegue sus tripas del suelo.

—Ahórrese la pólvora, vomité las tripas hace tiempo.

—Claro, he leído los primeros capítulos del blog y tal, para ir conociendo a mi presa. En el ministerio tenemos mucho tiempo. A la hora del desayuno compré esta escopeta y le serré los cañones.

—¿Tienen una hora para el desayuno?

—Voy a disparar.

—¿Quién hay detrás de esto?

La respuesta de la funcionaria sicaria es accionar el gatillo. El disparo a quemarropa me tira de la silla, vuela las hojas del periódico, llena la cafetería de gritos y carreras... Rolanda Matacanes deja tranquilamente el arma sobre la mesa, da un sorbo a su agua mineral, y se levanta para comprobar que estoy muerta. Pero todavía no estoy muerta.

Cuando utiliza el bastón para apartar las hojas de periódico y tocarme el abdomen, el abdomen devuelve un sonido metálico. Ella todavía no lo sabe pero existe una explicación: debajo del abrigo llevo la ensaladera de plata de la copa Deibis, abollada por dos balines. Aprovechando el factor sorpresa tiro del bastón, pero la sorpresa es que me quedo con él en la mano. El bastón es la funda de un estoque de acero, con el que Rolanda intenta ensartarme. Lo clava en la ensaladera, lo clava en el suelo, justo donde un segundo antes estaba mi cabeza.

—¡Estás en mi lista, Insania!

Empieza el juego. Saco la raqueta de tenis de la bolsa y le asesto un contundente primer servicio. Quince nada. El siguiente golpe de Rolanda consigue herirme en el brazo, arruinando una blusa de moaré. Quince iguales. ¡El estoque tiene el filo de un bisturí! Utilizo la ensaladera como escudo y le vuelo el gorro heráldico con un revés. Treinta quince. Ella hace rodar su capa con un baile de espadachín y me lanza una patada con su bota de montar. Iguales a treinta. ¿De dónde viene la sirena? La patrulla del aeropuerto interrumpe el Grand Slam apareciendo sobre uno de esos coches eléctricos.

—¡Alto, policía!

El juego ha terminado. Rolanda Matacanes escapa a través de la cocina, yo encuentro una ventana abierta en el servicio. Deuce.

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domingo, 28 de junio de 2009

Muerte a Sarta Pánchez

El comisario Santisteban de Tajuña presenta su informe ante el equipo de la Brigada de Amenazas de la Interpol, chupando una pastilla de regaliz:

—Damas y caballeros, Señora Tanako, teniente Friendy... Aunque algunos de ustedes ya tienen los datos, voy a intentar ponerles en antecedentes de las trayectorias y ámbitos de este caso. Los crímenes de Chelo Insania, en mi opinión, pueden estudiarse positivamente igual que cualquier movimiento artístico. ¿Ser ríen ustedes? Antes de ingresar en el cuerpo de policía, fui comisario de una galería de óleos. Veo que algunos me siguen tomando a broma. Esos que sonríen deberían familiarizarse con los movimientos el arte si quieren entender los movimientos del hombre. Piensen en ello cuando desplieguen un dispositivo de vigilancia.

»¿Por dónde iba? Sí. Cualquier movimiento artístico se sostiene sobre dos premisas: a la primera suelo llamarla renovación, y es la parte positivamente creativa del movimiento. A la segunda me gusta denominarla beligerancia y consiste en el rechazo de los estilos anteriores en el tiempo. Voladura y cimiento, en la industria de la construcción, son operaciones consecutivas. En arquitectura, y el resto de las artes, son simultáneas.

»La muerte más reciente, como verán en la página tres del informe, ha sido la de Sarta Pánchez. La cantante saltó a la fama con su grupo Olé y Olá, antes de emprender una carrera en solitario. El informe forense explica que el cadáver de la artista ha querido seguir el mismo camino: ha saltado a la fama del Duero, para emprender por el curso del río su carrera en solitario. El móvil parece ser cierta declaración de la señora Pánchez después de dar a luz. Cuando un periodista le preguntó “si le molestaría que su hija no fuera guapa”, ella respondió que “para eso está la cirugía”. El modus operandi de Insania parece semejarse al bisturí del cirujano plástico. Parte de la necesidad de eliminar algo que sobra, ya sea un pensamiento, una actitud o un comportamiento que ella considera moralmente antiestético.

»Nuestra asesina en serie pretende, creo yo, introducir una dimensión moral en la moda. Percibida desde la perspectiva de los vanguardismos artísticos contemporáneos, la moda responde a patrones de conducta semejantes a los del resto de movimientos clásicos: la pintura, la escultura, la literatura, la arquitectura, la música o la danza. Los estilos de la moda atienden a las dos premisas que acabo de explicar: renovación y beligerancia. Para muestra, un botón: la falda por debajo de la rodilla remplaza la minifalda. ¿Otro más? El pantalón ancho de cintura alta remplaza al pitillo por la cadera. Son ejemplos que me ha dado mi mujer, por supuesto, no piensen que suelo comprarme las corbatas. ¿Ahora que hago un chiste no se ríen? Ya termino.

»El Departamento de Homicidios, al que represento, ha trabajado hasta hoy en estrecha cooperación con el equipo de Tanako Sasanga, que lidera esta investigación internacional. Se nos ha ordenado transferir todas las responsabilidades a la Interpol, y ese es el motivo de mi comparecencia. Señora Tanako, teniente Friendy, les hago entrega de la documentación y las pruebas que obran en mi poder, pisofacto, quedando a su disposición para colaborar en cuanto ustedes consideren necesario. Buena suerte.

Se escucha un rumor de sillas arrastradas y pasos que vacían la sala. Luego, la voz inconfundible de Tanako Sasanga:

—¿Qué contiene este archivador, comisario?

—Pruebas. ¿Quiere un regaliz? Son amargos, como nuestro trabajo. Siempre ofrezco pero a nadie le gustan.

—He preguntado por el contenido de este archivador.

—¿Este? Ya le digo, pruebas por analizar. A ver la etiqueta... Caja negra del Everlasting Honeymoon.

—¿El avión de Arial Bodrio? Insania ha podido manipularla. Cuando dice “por analizar”, no incluye usted un análisis previo en busca de micrófonos de escucha. ¿Verdad comisario? —Santisteban de Tajuña debe esconder la mirada en la etiqueta del archivador, chupando su regaliz, sin atreverse a contestar— ¿Verdad comisario?

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viernes, 15 de mayo de 2009

Muerte a Gran Hormona

Angelo Friendy es el primer agente en llegar al sótano de la casa, por donde circulan las conducciones de agua. Sobre su cabeza se graba la nueva edición de Gran Hormona, el vulgarity show de la testosterona y los estrógenos. Friendy escucha una tele encendida, baja la escalera y, ¿qué encuentra? Un fontanero de mono azul y gorra de Soda-Cola, con los pies encima de la mesa donde suelen comer los empleados de mantenimiento.

—¡Manos arriba, Insania!

Los preparativos del fontanero han consistido en sellar la única puerta de acceso a la casa-concurso. Luego ha realizado un empalme de tuberías, ha abierto la llave principal, y los desagües de las duchas, los lavabos y retretes de Gran Hormona se han convertido en surtidores de agua limpia.

—No sea aguafiestas, teniente —responde con voz de mujer el fontanero.

Friendy sigue su mirada hasta la pantalla del televisor que hay sobre la mesa. Allí los concursantes se salpican, ríen, porque piensan que la inundación de la casa forma parte de alguna prueba para divertir a la audiencia. Aunque la cosa va a tener menos gracia cuando el agua les llegue por la rodilla.

—Diga una palabra belicosa, Ángelo.

—¿Qué quiere decir?

—Algo molesto, inconveniente, inoportuno...

El teniente vuelve a mirar la tele donde los concursantes golpean con los puños los espejos que ocultan las cámaras.

—¿Lunática?

—Bravo. ¡Insúlteme Friendy! ¿Por qué es usted siempre tan correcto?

—Educación británica, I suppose.

—Oh, claro. Pero se olvida de las tres reglas de oro. La tercera regla es conocer las reglas. La segunda regla es romper las reglas. La primera regla es que no hay reglas.

—Sus ideas siempre interesantes. Apártese de las llaves de paso, please.

—Ya lo está haciendo otra vez. ¡Esa cínica cortesía victoriana!

—Las manos donde yo pueda... ¡Deje de jugar con la llave inglesa!

—“Apártese de las llaves de paso, please. Deje de jugar, please...”

El teniente Friendy amartilla el revolver:

—No se burle, milady. Estoy hablando en serio.

—¿Va usted a disparar al fontanero de Gran Hormona?

—No tiene que morir nadie.

—Siempre tiene que morir alguien. ¿Ha leído El origen?

—¿El origen del movimiento mod?

—Salte de la Vespa, Friendy. ¡El origen de las especies!

El televisor confirma que los productores del programa continúan la retransmisión en directo. El agua ha llenado dos tercios de la altura de las habitaciones y los concursantes han dejado de hacer pie. Están todos nominados si la llave no se cierra enseguida.

El teniente Friendy estira hacia el fontanero el cañón de su revolver.

—¡Cierre la llave de paso, milady! ¡Es una p*ta orden!

—¡Bravo! ¿Está decidido? Lo que usted mande.

El fontanero vuelve la visera de su gorra hacia atrás, sujeta la llave con las dos manos y la hace girar en sentido horario. En la pantalla del televisor, el nivel del agua deja de subir. Los concursantes vitorean. Familias de telespectadores se abrazan en sus sofás. Friendy enjuga el sudor de su frente con la manga.

—Se acabó el show, Insania.

—Eso espero.

El nivel del agua ha hecho subir unos flotadores que abren una jaula oculta en alguna parte, y los conductos de ventilación empiezan a verter cocodrilos. Se deslizan con rapidez hacia los concursantes como si llevaran semanas sin comer.

—Charles Darwin y la supervivencia del más apto —dice el fontanero—. El medio acuático no es seguro para los mamíferos, estamos en franca desventaja frente a los anfibios carnívoros.

Los alaridos del televisor anticipan el festín. Las aguas se vuelven turbias y rosadas ante las cámaras. Familias de telespectadores se tapan los ojos. El fontanero observa la dilatación de las pupilas de Friendy ante la carnicería.

—¡No se mueva o disparo!

Algunas grietas comienzan a correr sobre sus cabezas. El techo se está quebrando debido a la presión de varios miles de metros cúbicos de agua. El teniente lleva, por suerte, su elegante parka verde estilo Quadrophenia.

—¡Salte de la Vespa, Friendy! ¿Quiere morir aplastado? ¿O prefiere alimentar a un cocodrilo?

El techo se hunde entre los dos. Una cortina de agua colorada arrastra el parka de Friendy, miles de litros tras los que vendrán la carnaza y las mandíbulas. Los espectadores tal vez, pero el fontanero no va a quedarse para verlo.

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sábado, 18 de abril de 2009

Muerte a Octafio Aveces y Adamis Buster

¿Nadie me echaba de menos? Al menos ninguno de ellos los sonámbulos. Chelo Insania vuelve a la carga armada con sus dos dagas. La más afilada se llama Dialéctica, la más puntiaguda se llama Satírica. Hará pedazos una lo que la otra no consiga ensartar. Las dagas rebanarán los párpados del durmiente, extirparán el cerebro infundibuliforme, limpiarán de restos humanos el Mundo Libre.

Cada vez que siento tristeza, decía, levanto una daga y me corto un dedo del pie, disciplina que me ha quitado los dos meñiques y las ganas de volver a llorar. Pues ¿qué creía usted, que iba ganándome la partida? ¡Pobre Tanako Sasanga! Le supero dos a uno en el marcador de amputaciones: dos meñiques lagrimados contra un índice acusador. La ventaja se la debo a Joy Pachinko, el mundo lo sabe ahora que conoce la historia de Troya. La venganza de Chelo Insania, aún regada en sangre, siempre será una uve minúscula, insatisfecha.

—¿Chelo qué? ¡Está usted mal de la cabeza! Me da igual que tenga cita para el tarot. Ahora voy a contar hasta tres, ¿vale?, y se me larga por donde ha venido, ¿vale? Uno. Dos. Dos y medio.

Octafio Aveces no es un gran vidente. Cuenta hasta tres y no acierta en su previsión. En lugar de largarme cierro por dentro la puerta de su consulta esotérica y echo un vistazo alrededor: cartas astrales, un póster del reflujo de la energía cósmica, un eneagrama, velas aromáticas con poderes curativos…

—Se me abra usted esa puerta, ¿vale? ¡Voy a llamar a la policía!

—Los Tauro sois perseverantes —digo—. Pero yo soy del signo de la doble daga.

Desenvaino a Dialéctica, la más afilada, y corto de un tajo el cable del teléfono. Desenvaino a Satírica, la más puntiaguda, y le invito a echar las cartas para que el tarot nos anuncie su propio futuro.

—No te ha salido la carta de La Muerte —digo—, y en eso tampoco has acertado. En cambio te ha salido El Loco, y se supone que la loca soy yo.

Levanto una bola de cristal que hay sobre la mesa del vendedor de crecepelos, y le aplasto las falanges de una mano que ya no va a barajar más. ¡Qué me aspen, va a desgarrarse la garganta! Se retrepa resbalando en el sillón de cuero, con las rodillas en el pecho como un niño asustado.

—Háblame del Destino, con mayúscula.

Pero en lugar de hablar, tartamudea. Su amiga Adamis Buster solía contarles a sus clientes que el futuro estaba predeterminado. Pero con ayuda de un buen místico, claro, el hombre puede “participar en su conformación”.

—A veces aciertas, Octafio Aveces. Adivina cómo voy a acabar contigo.

—¡Por favor! ¡La mano! ¡Duele! ¡Tengo miedo!

—Me parece razonable. Ahora empiezo a ver claro el futuro de las ciencias ocultas.

—¡Ay! ¿Quiere dinero? ¡Tengo mucho dinero!

—Haberlo gastado mientras estabas a tiempo. ¿Sabes dónde estuve anoche? Adivina. Anoche estuve mirando las estrellas con tu amiga la astróloga Adamis Buster. ¡Un talento deslumbrante! Le bastó un vistazo al cielo para adivinar su Destino, con mayúscula: un tren mercancías de dos mil toneladas pasando a noventa kilómetros por hora por encima de su cabeza. Aunque no fue un presagio complicado, créeme, dado que tenía el cuello atado a la vía.

Octafio Aveces me mira con ojos sobresalientes. Le presento a Satírica y la sangre salpica la mesa. Le muestro a Dialéctica y la sangre salpica la pared. El vidente se queda clavado al respaldo del sillón con los mangos de las dagas saliendo de las cuencas oculares. Un final previsible sin dominio de la quiromancia.

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jueves, 5 de marzo de 2009

Muerte a Troya

No daré su verdadero nombre, prefiero llamarla Troya: el nombre del asedio, el engaño, el sufrimiento, el nombre de una tierra desaparecida. No mostraré su última fotografía, prefiero recordarla con el aspecto de una niña: ajena a los celos, la perfección física y el veneno de Joy Pachinko.

Troya era periodista. Recorría el mapa durante largas temporadas, redactando guías de viaje para Lovely Planet. Después de perderla en Grecia durante meses le ofrecieron China, así que yo también hice mi oferta: dejar el mundo de la moda para recorrer el mundo a su lado. Yo la maté, ahora lo veo, la maté al aceptar que declinara mi invitación para hacer lo contrario.

Una conocida mía, entonces directora de VAGUE, le consiguió un puesto en la redacción de la revista. En vez de recorrer su mundo juntas la arrastré hasta el mío. ¿Qué nos pasó? Empezamos a pelear como gatas todas las noches. ¿Celos? Ella no podía escuchar esa palabra. Y sin embargo se obsesionaba conmigo rodeada de maniquíes. Que me aspen, ¡esas chicas eran mi trabajo! Para cuando descubrí su dieta a base de agua mineral y manzanas, su cara se había convertido en un retrato de la muerte. La obligué a ver psicólogos y médicos. La obligaron a alimentarse a través de una sonda nasogástrica. ¿No sabe usted lo que es, querida Tanako? Tiene usted suerte. Yo lo aprendí en el hospital mientras Troya se cansaba de luchar. Se rindió en menos de un año y abrió las puertas al invasor. Pero hacía tiempo que tenía dentro el enemigo. El caballo de Troya ocultaba a Joy Pachinko.

—Me fascina su broche —dice el dependiente de la tienda— ¿Es un Miyaki?

—No —respondo devolviéndole el bolso—, es un Sasanga.

¿Debería odiar la moda después de lo que pasó? Los escaparates no son malos, el mal acaso infecta nuestra manera de mirar. Un conocido diseñador —que descubre mi broche en algún encuentro social— deja que su creatividad se impregne de la idea. Así que su colección de otoño se llena de broches con dedos de vinilo; collares de pálidas falanges; botones, diademas y pendientes con secciones del meñique... ¿Estamos locos en el Mundo Libre? ¿Se puede poner de moda el dedo amputado? El salto a la calle es cuestión de semanas. Los reyes del prêt-à-porter pronto reproducen pulgares, anulares, corazones, para lanzarlos como complemento estrella. En marketing lo llamamos popularize. Cuando las cadenas de Zora y H&N recogen la tendencia, los jóvenes más modernos sustituyen las chapas decoradas de sus cazadoras y bolsos por broches con dedos de plástico. ¿Hay algo más irracional que la moda, ese animal salvaje que siempre encuentra un nuevo camino?

Debe ser duro para usted ver por todas partes copias del dedo que le falta. Es duro para mí ver copias de la mujer que me falta. Admito que pienso a menudo en Troya, pero no con tristeza. Cada vez que la siento levanto una daga y me corto un dedo del pie. Perdí los dos meñiques y desde entonces no he vuelto a llorar.

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martes, 3 de marzo de 2009

Muerte a Excelsa Pachaqui y Arial Bodrio

El teniente Friendy sigue la pista del pase VIP de la revista VAGUE. No tarda en averiguar que está registrado a nombre de Excelsa Pachaqui, la novia del actor Arial Bodrio.

El interrogatorio de la pareja, sin embargo, no encuentra ningún rastro que pueda conducir hasta Chelo Insania. Excelsa Pachaqui declara que el pase VIP le fue robado de la taquilla de su gimnasio, y amenaza con demandar a la Interpol por daños a su imagen. Muy al contrario, el escándalo de su detención recompensa el mal trago en forma de una provechosa exclusiva en VAGUE. ¿Es casualidad si, dos días después, se incendia una de las alas rosas del Everlasting Honeymoon —el avión privado de Arial Bodrio— y el aparato se estrella en algún lugar del atlántico entre Bahamas y Bermudas? No. Es el punto final de una luna de miel que ya duraba demasiado.

Echo de menos la oportunidad de leerlo, querida Tanako, pero intuyo lo que dice el informe de sus bebés informáticos:

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Los ficheros declarados en la Agencia de Protección de Datos por el proveedor de servicios que aloja Lista de Muertos no contienen información útil sobre el usuario. El registro se realizó con el seudónimo “Chelo Insania”. La sospechosa actualiza las entradas del blog desde ordenadores públicos, cibercafés, locutorios, universidades... Técnicamente imposible seguirle la pista.

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Friendy dirá que fue una torpeza ponerme sobre aviso en la suite de Eleniment, que tardó demasiado tiempo en descubrir el micrófono oculto bajo el infiernillo donde hervía la olla de arroz… Un comentario ingenuo, al fin y al cabo, puesto que me he ocupado de borrar mis huellas desde el principio.

—¿Cuál es la primera pregunta que debe hacerse el investigador de un crimen? Vamos Friendy, ¿qué le han enseñado en Bristol?

—Estoy en blanco, jefa... “¿Cuál es la causa de la muerte?”.

—La primera pregunta que debe hacerse el investigador de un crimen es: “¿A quién beneficia?”. Quitando el crimen irracional, cada acto delictivo debe esconder un móvil. Se mata por algo. ¿A quién benefician los asesinatos de Chelo Insania?

—A... ¿la humanidad? —dirá el comisario—. No me miren de ese modo, es lo que ella...

—¡Vamos a necesitar una cárcel muy grande, jefa!

—No se rían. No tiene ninguna gracia.

La siguiente propuesta de Friendy tal vez será guardar silencio en el escenario del crimen, hasta que los chicos del laboratorio certifiquen que está limpio de escuchas. Una excelente idea. Aunque pueden ahorrarse la comunicación por gestos porque no voy a seguir jugando con micrófonos. Las repeticiones aburren a Chelo Insania. Lo repito: voy a seguir repitiéndome hasta que despierte la turba sonámbula.

El tiempo es un barniz. Tras la muerte de la pareja de actores en aguas internacionales, el dedo lacado vuelve a convertirse en la única pista. No se imagina cómo llama la atención en público mi broche nuevo. El índice acusador, el dedo del gatillo... La gente lo ve y quiere uno igual, me pregunta en qué tienda los venden, me mira como a una loca cuando replico que no es un accesorio ni un adorno, es como las manchas rojas de algunos reptiles y batracios: una advertencia de peligrosidad.

La prensa publica el trágico desenlace del noviazgo de Excelsa y Bodrio, como un nuevo paradigma de tragedia aplicado a un nuevo paradigma del amor. Romeo y Julieta deben estar revolviéndose en sus tumbas. Incluso Chelo Insania se revuelve, al recordar otra vida en la que estuvo enamorada. Siete años han intentado hacerme superar aquella pérdida, y lo único que me han enseñado es que el tiempo es un barniz, no un bálsamo. Debajo de ese barniz la pena se desenfoca, pero nunca se diluye. Me olvido de olvidar mientras viva Joy Pachinko.

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